Al final del año tenía muy claras muchas cosas, tanto que sentía que aún sin haberlas intentado sentía que ya las había cumplido.
Fue tanta mi confianza, que deje que no me llegaran a preocupar en lo más mínimo hasta el punto de llegar a perderles importancia, y peor aún, incluso a olvidarme de ellas.
Ahora que hago un recuento de lo que hice, y se supone que debí haber hecho, es que veo que en realidad, por mucho que diga, haga y piense hacer, siempre, siempre, seré un mal perdedor.
Lo que sucede es que es tan poco el valor que le dí a las cosas, que por mi auto-confianza las termine perdiendo o incluso regalando.
Y lo que es peor, soy un pésimo perdedor, me cuesta mucho perder, lo acepto, dirán que pendejo, entonces porqué dice que es mal perdedor?, a pues por el simple hecho de que lo acepto, pero me torturo yo solo diciéndome y cuestonandome el porqué paso, y que no sé ceder fácilmente.
Me revienta eso, que por andar de pendejo chillón, se me vayan las cosas, siendo que yo soy el único culpable.
Hace tres días juro que tuve un sueño estilo Déjà Vu, y que era tan real que podía sentirlo, no mamar, me levante aún con la idea de que si en cuanto me levante no era esa clase de doble-sueño, en dónde uno despierta y a la ves sigue en el sueño, ya que fue tan real, que hasta la fecha trato de saber qué paso, o si no estaba ebrio y confundí las cosas.
Me voy más por la cuestión de que me he estado preocupado, ahora sí, demasiado de algo que en verdad ni merece tanto la pena, y que esta ves, ahora sí, se puede resolver casi sin el menor esfuerzo.
Pero no quiero volver a vivirlo, no quiero mirarme y decir, bueno, la cagamos, otra vez, pero no hay pedo a la próxima sale, no, esta ves si estaré cauteloso, leve, no tanto como quisiera, pero si con el detalle que merece.
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