domingo, 24 de octubre de 2010

Sábes.

Nunca estuviste dispuesta a buscarme, y no me importa, porque nunca me has hecho falta ni para no estar solo; tal vez porque, a diferencia de ti, pocas veces lo estoy, y cuando eso ocurre, lo disfruto muchísimo. Además, no eras precisamente la mejor compañía de todas, simplemente, la que más compañía necesitaba.
Oye, ¿por qué empiezas a parecerte a mí? ¡qué descaro! no me gusta, y seguramente a tu tranquilidad tampoco, porque no te pertenece, nunca lo entenderás, y jamás sabrías hacer uso de ello como si siempre hubiera sido tuyo.
¿Sabes? a pesar de todo, te quiero, porque me gusta recordar y porque a veces te pareces a ti, y cuando eres tú, eres tantas cosas...

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