martes, 9 de noviembre de 2010

Hoy he tomado drogas que me hacen hablar.

Desde ya hace muchos días me llega siempre el recuerdo, siempre tuyo, siempre tú.
Hoy después de un buen día llego y solo me recuesto, mi cabeza me da vueltas, trato de no echarle la culpa a la cerveza, que debo pasar por alto la nubosidad que hay en mis ojos, que hacen que no vea bien.
Pero me pongo a escribir en papel, en hojas recicladas, en cuadernos al final de sus paginas, en lo que sea. Pero siempre, siempre tienen que ver contigo, en veces en algo más, pero siempre, siempre, hasta para insultar te tengo en mi mente.

Pienso ahora en los contrastes de luces y sombras del óvalo casi perfecto de tu rostro, tu manera de caminar, los registros agudos y graves de tu voz, y de tu deseable balanceo de caderas. Sólo me imagino, sólo eso, imaginar, porque siempre he de estar a un lado tuyo sin poder mitigar la sensación/necesidad de hablarte y decirte todo esto.

Cada ves que te veo, siempre comienzo un viaje astral, soñé en hablarle de su pelo, pensé decirle que la vida era su boca, pero no.
Pasa a mi lado su olor, yo sólo me limito a contener la respiración y guardar ese dulce aroma, su aroma tan natural y perfecto que es ella.

Comencé a jugar este juego sin saber lo que habría que hacer, pero pronto aprendí que cuando hay demasiada gente dentro, nadie quiere hablar de amor. Es que yo jamás lo lamente, ni lo lamentare.

Siempre dicen que hay que llevar la iniciativa, pero, ¿cómo hacerlo?

En parte fue mi culpa, en parte fue tu forma de mirar, y esta inmensa decisión.

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